Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas. Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del computador o clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. Si te cansa solo pensar en hacerlo, no lo hagas. Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente. Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio o a tus padres o a cualquiera, no estás preparado.
No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. No seas uno de ellos. No lo hagas. A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras o hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo.
— Charles Bukowski
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Háblame antes de que último aliento desaparezca con la muerte, libérame que sólo respiras una vez en la vida y te ahogas en el olvido mientras los pulmones se gangrenan en la tierra. He visto al cielo caer de su trono y al mundo dejar de girar en la madrugada. Yo sé que la multitud se asfixia de silencio en el desayuno y sus días mueren, evaporándose. Yo sé que los suspiros inundan el mundo de aire intoxicado. Las palabras se acumulan en nuestro rostro y nos dan ojeras, y demacran la piel. no son los años ni los excesos, es el silencio. — Nefelibata
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